Algunos virus del papiloma humano (VPH)pueden provocar cáncer de cuello uterino

Leido en Salud y Medicina

El fácil acceso a la píldora del día después y la mejora en el pro­nóstico de enfermedades hasta hace poco letales, como el sida, han provocado una sensación de seguridad entre los jóvenes sexualmente activos. Hay más promiscuidad, los jóvenes se inician antes en el mundo de las relaciones sexuales y, además, lo hacen con más parejas. Empie­zan muy pronto, entre los 12 y 14 años muchos ya practican el acto sexual. El problema es la falta de concienciación del uso del pre­servativo porque la píldora pre­viene de embarazos, pero no de infecciones.

Hay dos grandes grupos de infecciones: las víricas y las bac­terianas. Las primeras, como el sida, el papiloma o los herpes, no tienen tratamiento curativo, es decir, siempre se quedan en el organismo y cuando bajan las defensas pueden volver a apa­recer. Las verrugas genitales o condilomas, es una de las enfer­medades de transmisión sexual más frecuente. Esta patología, causada por el virus del papilo­ma humano (VPH), es altamen­te contagiosa. Se transmite al mantener relaciones sexuales con un compañero infectado. Se desarrollan alrededor de los tres meses después del acto sexual. Un 80% de la población europea estará en contacto con el VPH a lo largo de su vida. La vacunación contra el VPH supone una pro­tección en personas con una vida sexual activa, a pesar de que hasta ahora haya predominado el men­saje sobre la efectividad en ado­lescentes que no han mantenido relaciones sexuales. Existen 150 tipos de papiloma humano, es el virus que más preocupa porque algunos de ellos son canceríge­nos y pueden acabar en un tumor de cuello uterino.

Los herpes genitales también son muy comunes. Son peque­ñas ampollas, generalmente dolorosas, sobre los genitales. “Antes de su aparición el indivi­duo infectado experimenta un aumento de sensibilidad, que­mazón o dolor en la piel, en el lugar donde aparecerán éstas”, explica Eulalia Baselga, derma­tóloga pediátrica del Hospital de Sant Pau. La piel se enrojece y se llena de múltiples vesículas pequeñas llenas de un fluido de color amarillento.

La detección precoz es muy importante, pero, con frecuen­cia, los niños infectados no acuden al especialista porque tienen miedo y les avergüenza explicárselo a sus padres, tener que contar donde han contraí­do la infección. “En el niño se ve antes porque el aparato genital está expuesto y se ve antes, pero en la niña es más compli­cado detectarlo. Llevar a los hijos periódicamente a contro­les ginecológicos es esencial”, recalca Asun Vicente, derma­tóloga pediátrica de Sant Joan de Déu. Y añade, “la educación sanitaria es la base de todo. Se debe concienciar a los jóvenes de los peligros que acompañan a las relaciones sexuales no se­guras”.

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Artículo original en www.saludymedicina.org

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