La genética demuestra que se precisa una predisposición, una genética apropiada, que haga posible que con las mismas calorías, en el mismo ambiente o en la misma familia, una persona sufra obesidad y otra no. Leido en Salud y Medicina
Leido en Salud y Medicina

Dr. Francisco Pérez Jiménez
Director del Instituto Maimónides
de Investigación Biomédica de Córdoba (IMIBIC)

Durante años la obesidad se ha considerado consecuencia de un consumo calórico excesivo, pero recientes avances han cambiado este concepto y hoy podemos afirmar que “no es obeso el que quiere sino el que puede”. Es decir, se precisa una predisposición, una genética apropiada, que haga posible que con las mismas calorías, en el mismo ambiente o en la misma familia, se sufra obesidad. Durante miles de años nuestro organismo ha luchado contra el hambre aprendiendo a ahorrar calorías a través de la selección de nuestros genes “ahorradores”, permitiéndonos sobrevivir a las hambrunas. Pero esa herencia, que antes fue salvadora, actualmente es un lastre por la abundancia de alimentos.

La enfermedad no depende de uno sino de muchos genes, cada uno con un efecto de diferente intensidad, pero que juntos favorecen la obesidad ante un consumo calórico excesivo. Algunos genes, tales como el FTO, inducen un aumento de peso medio de 3kg mientras otros producen ganancias más pequeñas, de 50 gramos o menos.  En estos casos su impacto individual en el peso es escaso, pero la suma de varios cientos de ellos puede explicar formas de obesidad patológicas. Por el contrario, personas sin ningún gen favorecedor tienen peso normal, aunque coman despreocupadamente. Hoy se calcula que el peso de la genética en la obesidad es de un 60% y su conocimiento está suponiendo un espectacular cambio en su manejo.

“La enfermedad no depende de uno sino de muchos genes, cada uno con un efecto de diferente”

Ya es posible estudiar la presencia de muchos de estos genes, y conocer si la obesidad es fundamentalmente genética, y si una persona responderá al incremento del ejercicio físico y a cambios en la cantidad o calidad de su dieta. Pero más interesante resulta que con el estudio genético se puede predecir, en bastante medida, el riesgo de desarrollar complicaciones como la diabetes, la hipertensión arterial o el denominado síndrome metabólico. De esta forma podremos actuar de manera personalizada, tomando medidas adaptadas a la constitución de cada persona y aumentando así las posibilidades de éxito en nuestras recomendaciones.

Leído en Salud y Medicina

Artículo original en www.saludymedicina.org

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