La falta de determinados micronutrientes (minerales o vitaminas), pueden dar síntomas o indicios poco visibles en los primeros estadios.
Los niños están en constante crecimiento, por ello precisan del aporte energético necesario tanto para el mantenimiento del organismo como para asegurar un desarrollo adecuado (se necesitan cinco calorías por cada gramo de ganancia de peso). Las distintas fases del crecimiento determinan necesidades de energía diferentes. También influye en el consumo de energía, el sexo, el tamaño y la composición corporal, los factores genéticos o la temperatura ambiente. La actividad física afecta también al gasto energético. “Las enfermedades o las situaciones de estrés corporal pueden aumentar el gasto energético un 50%, incluso duplicarse en determinados estados graves”, advierte David Gil, pediatra de la unidad de gastroenterología, hepatología y nutrición pediátrica del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia.
Riesgo nutricional. El niño está dotado de mecanismos adaptativos para superar enfermedades leves (otitis de repetición, amigdalitis, fiebre o cuadros gastrointestinales) sin alterar su estado nutricional o su crecimiento. Pero cuando padece estas patologías con frecuencia o con un curso extenso y con complicaciones, las pérdidas digestivas de nutrientes aumentan, en especial en los niños propensos al vómito o diarreas por el uso de antibióticos. Durante estos procesos el apetito suele disminuir y a veces les cuesta saborear, masticar o tragar los alimentos. “Cuando estas situaciones se prolongan o afectan a niños que comen poco y mal pueden suponer un riesgo nutricional, o incluso desencadenar desnutrición o déficit de nutrientes que alteren el crecimiento o el desarrollo del niño”, añade el pediatra.
La falta de determinados micronutrientes (minerales o vitaminas), pueden dar síntomas o indicios poco visibles en los primeros estadios. “El déficit de hierro, por ejemplo, puede provocar cansancio, dificultades para la concentración o el rendimiento escolar, dolor de cabeza, alteración de la mucosa de la lengua o cambios en las uñas, antes de evidenciarse otros signos de anemia”.
Energía más nutrientes.
Los suplementos nutricionales aportan energía de forma equilibrada, además de proteínas, vitaminas, minerales y otros nutrientes cuyas necesidades pueden no estar cubiertas durante estos periodos. “Permiten aumentar la ingesta de energía cuando más se requiere como en procesos de infecciones de repetición, estrés corporal, épocas de crecimiento acelerado o fases de recuperación de enfermedades”. Son adecuados para incrementar las calorías de la dieta, sin elevar en exceso el volumen de las raciones ingeridas. El facultativo señala que éstos no deben confundirse con otros productos formulados como “complementos alimenticios o vitamínicos, ricos en azúcares refinados y con efectos mágicos o de escasa consistencia”. El pediatra deberá indicar el uso de suplementos nutricionales y asegurar así la utilización apropiada de esta herramienta nutricional.
E.P.
Leído en Salud y Medicina
Artículo original en www.saludymedicina.org