El dolor de espalda es un problema que afecta a un enorme número de personas. De hecho, representa la segunda causa de consulta médica en los países desarrollados y la primera causa de incapacidad laboral. Las connotaciones económicas de esta entidad son gigantescas y hacen difícil poder ignorar el problema. El día en que aparece ese molesto dolor empieza una desagradable aventura que probablemente va a durar más de lo que cabría esperar. Pero lo peor no es, en muchas ocasiones, el dolor en sí, sino el periplo que iniciamos ese mismo día. La medicina no siempre, entrado ya el siglo XXI, será capaz de darle una respuesta contundente, precisa y, sobre todo, definitiva en relación a ese dichoso dolor de espalda.
El circuito ciertamente comenzará en el médico generalista o de cabecera, para seguir enseguida hacia el especialista, quien probablemente resolverá en primera instancia un gran número de casos. Pero, ¿ha terminado ahí nuestro dolor? Seguramente no. La historia natural de la lumbalgia, que así se llama en nuestro argot el dolor de espalda, se caracteriza por una progresión de brotes agudos repetidos o en la instauración de una molestia crónica que progresivamente ataca nuestra bien preciada calidad de vida. Como enfermedad degenerativa que muchas veces comienza en edad temprana, ya no nos abandonará nunca más.
La expectativa de vida crece y crece, afortunadamente, pero la incidencia de esas enfermedades conocidas como degenerativas, como son la artrosis y tantas otras, invaden nuestra población cada vez más envejecida. Sabemos que algún día lejano vamos a morir, pero el objetivo es: ¡morir curados! Y es cierto que hoy en día la medicina se esfuerza en mejorar la calidad de vida de esos años que se conocen como “tercera edad”. Nadie va a morir de dolor de espalda, pero es evidente que su vida puede condicionarse seriamente por la existencia de su afección. Muchos de nuestros pacientes despiertan cada día y se preguntan: ¿cómo me encontraré hoy? Y, como me duele la espalda, algo tendré que hacer para resolverlo.
Acudes a un facultativo y te da frecuentemente una información oscura o poco precisa, te receta unos antiinflamatorios y aquí termina todo. Como no se resuelve el problema acudimos a otro y la información no siempre concuerda, pero el tratamiento tampoco soluciona nuestro dolor. Entonces acudimos a demandar soluciones en el campo de las medicinas alternativas o de la fisioterapia, demandando alivio: masajes, acupuntura, manipulaciones, relajación, reflexoterapia y tantos otros cuya eficacia es evidente pero que únicamente ofrecerán mejoría y no curación en la mayoría de los casos. Realmente un enfermo puede comenzar un circuito sin fin, lleno de una variedad de opciones más o menos exóticas que intentan mitigar la falta de solución de una medicina oficialista. Me cambio de colchón pero ¿duro o blando? No, firme. ¿Hago gimnasia, natación, fisioterapia? No desespere, todavía queda lo mejor. Me opero y listo. Cuidado, el tratamiento quirúrgico del dolor de espalda suele estar bien establecido aunque no es infalible, pero el nivel de confusión que puede generar llegar hasta él puede ser notable.
Cada día en cualquier país del mundo se interviene a miles de pacientes con lumbalgia o ciática. El problema reside en el hecho de que una misma patología sea tratada quirúrgicamente de tantas y tantas maneras distintas y de forma simultánea. ¿Cómo es posible que en una sociedad globalizada y comunicada ocurra eso? Esto se hace patente cuando consultas a un cirujano y te explica una cosa y propone una tratamiento quirúrgico concreto. Pides una segunda opinión y el de turno te explica algo parecido y te ofrece otro tratamiento diferente. Y si pides una tercera opinión, a lo peor, aún enriqueces tu conocimiento y confusión sobre una nueva variedad tratamiento propuesta.
¿Existe prevención para la lumbalgia? En un escenario en el que la causa de dicho dolor se ha considerado como mecánica, evitar movimientos o esfuerzos extremos sería recomendable. Reforzar las estructuras arquitectónicas mediante el ejercicio bien programado también formaría parte de las opciones. El control de la postura, la prevención de alteraciones de la misma y una correcta ergonomía serían los pilares fundamentales de la profilaxis del trastorno mecánico.
Pero ¿qué pasa con el desgaste de esas estructuras a lo largo de los años? Estamos postulando sobre otras causas que originen en su principio estos problemas y que no sólo dependan de dicho escenario mecánico. La posibilidad de una contaminación bacteriana de las estructuras vertebrales, con gérmenes capaces de colonizar y permanecer durante décadas consumiendo nuestra columna vertebral hasta destrozarla, abriría una posibilidad real de prevención y tratamiento precoz de toda esta patología, con una hipotética y simple administración del tratamiento antibiótico adecuado.
Un correcto tratamiento arranca del conocimiento profundo del problema, lo que nos llevará a un diagnóstico también correcto. Solamente así seremos capaces de diseñar una estrategia terapéutica adecuada. En la lumbalgia esto no es nada sencillo. El número de estructuras anatómicas capaces por sí mismas de generar dolor de espalda es muy elevado. Por tanto, el número de focos capaces de centrar el problema, también lo es.
A pesar del avance en las técnicas de diagnóstico por la imagen, hay que saber interpretar correctamente la susodicha foto en el contexto adecuado y solamente después de elaborar una cuidadosa historia clínica, después de escuchar y explorar detenidamente al enfermo. No debemos olvidar que no se operan ni se tratan simples imágenes de resonancia magnética, sino que la realidad es que intervenimos pacientes. Y cada uno de nosotros somos “nosotros mismos y nuestras circunstancias”: personales, familiares, sociales y laborales. La valoración global de todos estos factores nos aproximará a diseñar una estrategia adecuada y, así, alcanzar una mayor posibilidad de éxito.
La tecnología médica y quirúrgica avanzan rápidamente en respuesta al progreso y a nuestra demanda social. Por eso el mantenimiento de la calidad de vida es crucial y eso es algo que la clase médica no descuida. Incorporamos a diario nuevas técnicas que pretenden un único fin: curar mejor, al menor coste posible y con la mayor seguridad y confort de nuestros pacientes. No pretendo aquí sembrar más dudas de las necesarias sino exponer la dificultad que tiene el correcto diagnóstico y tratamiento del dolor de espalda.
A pesar todo lo anteriormente expuesto, el profesional de la medicina ofrecerá, sin duda, un consejo apropiado. Utilizará todos los recursos a su alcance, tanto en el ámbito de la medicina tradicional, la fisioterapia, así como en el de otras medicinas, siempre que ofrezcan seriedad y profesionalidad. Escoja la persona adecuada y apóyese en ella sin reparos. Emplee el tiempo necesario. La mutua relación basada en la confianza y responsabilidad bien establecida, es la auténtica base de su tratamiento y probablemente la mejor garantía de éxito. Después de toda esta caricatura, el mensaje es claro. Amigo, ¡que tenga suerte! Y no desespere, porque algún día no muy lejano, su lumbago tendrá un diagnóstico preciso y un tratamiento definitivo que erradique de una vez sus molestias. Aunque a veces pueda parecer increíble, hoy los médicos sabemos bastante, aunque desde luego, nunca lo suficiente.
Artículo original en www.saludymedicina.org