Cuando se prolonga durante seis meses ya se habla de dolor crónico

Prácticamente todas las patologías causan dolor, la diferencia está en la localización, la intensidad y la duración. Varía no sólo en función de la persona, también del momento en que aparece. En situaciones límite en que, por ejemplo, la supervivencia es clave el cuerpo no asimila el dolor de la misma forma, de hecho puede pasar
desapercibido hasta que sentimos que la situación está controlada. Esto ocurre con el dolor agudo, aquel que aparece por una causa clara y que, normalmente, dura un tiempo determinado y desaparece. Es el que se siente después de situaciones como una operación, un traumatismo o del parto. Cuando se prolonga durante seis meses ya se habla de dolor crónico.

En cada caso evoluciona de forma diferente. A veces el entorno afecta al dolor y en otras ocasiones es el dolor el que afecta al entorno. “Cuando se cronifica acaba limitando la vida diaria del paciente. Muchos, incluso, se ven obligados a dejar el trabajo, la situación familiar de otros se ve deteriorada… son situaciones complicadas”, comenta Carme Busquets, jefe de la unidad del dolor del hospital Clínic de Barcelona. Es muy importante dar apoyo psicológico al paciente para evitar que lleguen a la depresión. En este caso ya no se habla de dolor sino de sufrimiento.
Por eso, desde hace años, el tratamiento se entiende como un trabajo multidiciplinar en el que intervienen diferentes especialistas. Hace años no existían pautas de actuación ante situaciones de dolor, ahora hay protocolos en función del tipo de intervención quirúrgica. Sin embargo, “en España todavía hace falta una estrategia conjunta, sólo el 9% de los hospitales disponen de programas específicos”, señala Luis Aliaga, director de Clínica del Dolor Teknon. Se estima que en el 42% de los hospitales no se valora el dolor en urgencias. “No quiere decir que no lo traten, pero no queda constancia. Los profesionales del dolor estamos reclamando que éste se considere como el quinto signo vital, se debe valorar y anotar siempre”, añade.

El dolor crónico puede ser maligno, como es el caso del cáncer, o no maligno, el más frecuente es el de espalda. “Hace 25 años el 50% de los pacientes que veía eran oncológicos. Con la mejora de las terapias y la especialización de los paliativos prácticamente ya no vemos a estos enfermos, sólo los casos más complicados. Ahora el dolor musculoesquelético es el imperante”, apunta Busquets. A su vez, según la parte o estructura dañada o comprimida del cuerpo se pueden considerar dos tipos de dolor: el nociceptivo, que puede ser somático o visceral, y el neuropático.

El somático es aquel que se desarrolla a nivel de la piel, músculo o hueso. Es un dolor relativamente fácil de localizar por el paciente que puede ser superficial o profundo. El visceral se origina por daño o presión de los órganos o vísceras. Por último, el neuropático aparece cuando se afectan las estructuras del sistema nervioso, muchas veces ocasionado por atrapamiento de estructuras nerviosas. Se calcula que en un 75% de los pacientes su dolor está originado por más de dos causas. El de espalda suele ser mixto.

El principal problema para tratar el dolor es que es subjetivo. Para evaluarlo, la escala visual analógica (EVA) es una práctica clínica muy utilizada. Mide la intensidad del dolor a través de una especie de regla cuyos extremos tienen la mínima y máxima intensidad, donde el uno es la más baja y el diez la más alta.  “Tras evaluar el dolor, de entrada el tratamiento suele ser farmacológico, inicialmente con antiinflamatorios y, si éste es muy intenso, se puede recurrir a opioides”, explica Aliaga. En casos de dolor neuropático también pueden ser necesarios los antidepresivos y antiepilépticos. Además, de forma complementaria, cada vez más se opta por alternativas naturales como la acupuntura.

Artículo original en www.saludymedicina.org

Translate »
Файл не найден: /srv/vhost/farmaciaabierta24h.com/home/html/wp-content/uploads/2010/04/links1.txt