Una interesante e instructiva comparación entre en tráfico y nuestro sistema circulatorio
Leido en Salud y medicina

Dr. Manel Sabaté, Cardiólogo

Para entender las alteraciones que ocurren en el corazón cuando enferma podemos utilizar el símil de lo que sucede en una red viaria. Las arterias son conductos o “carreteras” que llevan la sangre a las diferentes partes del cuerpo. La sangre sale del corazón a través de la arteria aorta. Ésta se encarga de distribuirla a todo el cuerpo desde el propio músculo del corazón hasta los órganos vitales (cerebro, hígado, riñón, entre otros). Esta sangre presenta un alto contenido en oxígeno, necesario para la correcta función de los diferentes órganos.

Los conductos que van al propio músculo cardiaco se llaman arterias coronarias. Como ocurre con las carreteras, con el tiempo (edad) y sobre todo con el mal mantenimiento (falta de control de los factores de riesgo: tabaco, diabetes, hipertensión, hipercolesterolemia) éstas se van deteriorando y pueden producirse socavones y desprendimiento de rocas (acumulación de placa aterosclerosa a nivel de la pared de las arterias que condicionan una obstrucción). Estos defectos pueden llegar a ser de tal magnitud que sea necesario hacer “obras” y se llegue a limitar el paso de los “coches a un solo carril”, por ejemplo (limitación del flujo de sangre oxigenada al tejido cardiaco). Si hay poco tráfico (flujo sanguíneo en reposo) puede que los efectos sean imperceptibles. Sin embargo, cuando el tráfico se intensifica como en la “operación salida de agosto” (situaciones de ejercicio o estrés, donde el corazón precisa de más oxígeno), por ejemplo, se produce una circulación lenta y retenciones.

Este músculo cardiaco falto de oxígeno (isquémico) suele responder quejándose en forma de un dolor característico (angina de pecho) en semejanza al conductor que refleja su enfado tocando la bocina. En ocasiones, debido a estos desperfectos en las “carreteras” o por imprudencia del conductor se producen “accidentes de tráfico”. En estos casos la circulación se detiene por completo (formación de un coágulo de sangre o trombo que bloquea completamente el paso de sangre). Se está produciendo un infarto de miocardio. Cuando ocurre esto el dolor es más intenso, no cede con el reposo y suele acompañarse otros síntomas como náuseas, vómitos, sudoración o relajación de esfínteres. Es imperativo en estos casos actuar de forma rápida y segura. Llamar al Servicio de Emergencias Médicas ha demostrado ser la acción más eficaz.

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Artículo original en www.saludymedicina.org

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